Cómo cuidar a los hijos sin culpa

La crianza de los hijos es cada día una especie de juegos malabares en los que los padres luchamos por hacer lo mejor para ellos. Y en ese lanzar bolas al aire nos preguntamos constantemente, ¿lo estaré haciendo bien? ¿Podría hacerlo mejor? ¿En qué fallo? Y a veces, nos sentimos culpables. Tranquilos, es normal. Y así nos lo explica en este genial artículo nuestra psicóloga de cabecera, Marta Olmedo, de MO Psicología. Os dejamos con ella.

COMO CUIDAR A LOS HIJOS HIJOS SIN CULPA

Siento mucho deciros que el título tiene trampa, que inevitablemente sentiremos la culpa. Pero podemos aprender a que sea más agradable tolerarla. Podemos aprender a vivir con ella de forma más saludable y con nosotros mismos, alcanzando así un mayor bienestar.

Sé que en estos momentos como padres y madres vuestra prioridad son vuestros hijos. Pero, ¿y si os dijera que, si no estamos bien con uno mismo, no podremos estar bien con los demás?

¿Qué pasa con la paciencia en ocasiones? ¿Y cuando ya la he perdido? ¿Qué nos acompaña? Pues sí, nos acompaña nuestra amiga la culpa, la crítica, el juicio…

Esto inevitablemente nos va a hacer sentir peor aún. No nos gusta sentir la sensación o sensaciones que nos genera la ‘culpa’, por lo que nos enfadaremos por sentir esa culpa con nosotros mismos. Pasaremos todo el día enfadados o de mal humor con uno mismo. Y no sólo nos trataremos mal a nosotros, sino que inevitablemente la forma en que nos tratemos a nosotros mismos, será la misma con la que tratemos al resto.

¡CUIDADO!, ¡LA CULPA REGRESA CON MÁS FUERZA!

Parece ser que esta forma de manejar la culpa, es decir, el uso del enfado como estrategia, o lo que es lo mismo, enfadarnos por sentir esa culpa, como forma de evitarla, no funciona. ¿La habéis probado? ¿Qué pasa cuando pagamos nuestro mal humor con nuestra pareja, con nuestros hijos? Seguramente haya sucedido que la culpa regresa con más fuerza. Por tanto, parece ser que esta forma de manejarla, slo tiene un efecto: que se mantenga en el tiempo”. Y a través de ello, acabaremos sintiéndonos peor, provocando enfado, malas actuaciones de las cuales nos arrepentiremos y de nuevo, nuestra amiga ‘la culpa’.

 Sería como un círculo vicioso. O la pescadilla que se muerde la cola, que visto dibujado podría parecerse a algo así, como lo señalado más abajo.

CULPA
¿QUÉ PASARÍA SI ENTRENÁSEMOS LA FORMA EN QUE NOS TRATAMOS A NOSOTROS MISMOS?

¿Creéis que si pusiéramos el foco de atención sobre el trato hacia uno mismo podríamos romper el ciclo?

Seguramente tenga mayores consecuencias de las que podáis llegar a imaginar. Está comprobado que el hecho de trabajar con el bienestar de un miembro de la familia, inevitablemente, provocará una repercusión en el resto de miembros del sistema. Además, es más probable que el hecho de revisar que se os está activando interiormente a la hora de enfrentaros a situaciones cotidianas que os generan estrés, ansiedad…u otro tipo de síntomas relacionadas con estas, a la hora de educar a vuestro/a hijo/a os aportará mayor autocontrol y seguramente reducirá la proyección de este estrés o ansiedad en el resto de miembros.

CULPA
¿CÓMO AFECTA EL MODELO EDUCATIVO, ¿ENTENDIDO COMO FIGURAS DE APEGO?

Inevitablemente, educamos, según la educación recibida por nuestros padres, es muy frecuente repetir patrones aprendidos a lo largo de nuestra vida, aunque esto no significa que no podamos cambiarlos.

Un ejemplo de esto y muchos de vosotros podréis sentiros identificados con lo que voy a decir… Es el siguiente: Anteriormente vuestros padres tapaban mucho más la emoción y existía mayor distanciamiento, se implicaban en la educación, pero era común relacionar la expresión emocional como tarea femenina, estos, se implicaban en la educación, desde la perspectiva de autoridad y establecimiento de límites.

Hemos evolucionado mucho en este sentido y la forma de educar actualmente, ha cambiado no solo en casa sino también en las escuelas. Hemos comprendido que la agresividad o el castigo físico no es sinónimo de educación. Puede ser que ahora, en vuestra cabeza, aparezcan recuerdos sobre la forma que vuestros/as padres y madres tuvieron de educaros y ser conscientes de qué cosas no queréis que se repitan, saber lo que uno no quiere, es tarea fácil, ¿pero y entonces?.

Nuestra sociedad actual ha pasado al extremo del perfeccionismo, el cuerpo perfecto, el pelo perfecto, los padres perfectos… ¿Pero ¿qué es perfecto? ¿Existe la posibilidad de que sustituyamos la agresividad o el castigo como modelo educativo, hacia el otro extremo de permisividad?. Éste es uno de los miedos que llevan a muchas familias a las consultas de terapia y que ha dado como resultado: autoexigirnos demasiado.  Como si no estuviese permitido cometer errores. No se trata de blanco o negro, de todo o nada, autoridad-permisividad…, sino, Se trata de llegar a un equilibrio entre autoridad y flexibilidad, desarrollando relaciones más sanas entre los progenitores y sus hijos, así como procurar un fortalecimiento del vínculo.

CULPA HIJOS
Hay que buscar el equilibrio entre autoridad y flexibilidad.
LA NECESIDAD DE AGRADAR Y LA CULPA

También podría tener un papel importante e influyente en esta emoción de ‘la culpa’ nuestra necesidad de agradar a los demás, que como seres humanos activamos de forma automática a la hora de actuar, por aprendizajes interiorizados a lo largo de nuestra vida.

A quién no le ha pasado esto alguna vez eso de haber contestado de mala manera a su hijo y que aparezca un pensamiento del tipo:

“Que nadie se entere que le he dicho esto a mi hijo/a, cualquiera podría pensar que soy una mala madre/padre”

Otro ejemplo, es el de ir al parque, en el supermercado, u otro espacio público, con vuestro/a hijo y se desate de forma inconsciente un profundo miedo a que se pueda dar una situación, en la cual, vuestro hijo pueda reaccionar “de mala manera” o no de esa manera que “debería” o “tendría” que comportarse. Es entonces cuando pueden aparecer pensamientos como:

“Que no tenga una rabieta delante de otros padres, ¡me va a dejar en mal lugar!” “¡Qué van a pensar de mí el resto de padres madres

¿Pero realmente esto es un pensamiento que surge de lo que podrían pensar los demás? Seguramente no sea del todo cierto y estemos poniendo el foco en los demás. Mas realmente es un miedo reflejo al rechazo de la sociedad y de nuestros propios pensamientos de juicio y crítica, hacia nosotros mismos, que desataría un comportamiento impulsivo por el cual, podríamos arrepentirnos, ¿y detrás?. Detrás aparecería ‘la culpa’.

ALGUNOS CONSEJOS PARA MANEJAR LA CULPA

Una vez más, es evidente que es importante hacer una revisión interna de lo que está sucediendo en nosotros mismos. ¿Por qué reaccionamos de esta manera? ¿Qué parte de la educación recibida, de nuestro vínculo de apego con nuestras figuras de referencia, experiencias del pasado, necesidad de reconocimiento… entre otras muchas circunstancias, se están activando aquí?

Resulta esencial ña identificación de las emociones que se despiertan en uno mismo. Al igual que el hecho de reconocerlas y reflexionarlas, para poder tener un mayor autocontrol en nuestro comportamiento.

¿Qué sensaciones han aparecido en mi cuerpo? ¿Qué tipo de emoción estoy sintiendo? Ahora bien, una vez identificada, ¿por qué considero que se me ha activado este tipo de emoción? Realmente, ¿creéis que es la situación o vuestro hijo quien os ha provocado esa emoción? ¿O podría estar más relacionado con vuestras experiencias previas, estilo de crianza recibido: sobre cómo “deberían ser las cosas o cómo tendría que comportarse”?

Volviendo al ejemplo anterior, en el que acompaño a mi hijo al parque, una vez allí, el simple hecho de estar en el parque me genera ansiedad, por si mi hijo tiene una rabieta. Comienzo a detectar señales como sudoración, se acelera mi respiración, puedo notar un nudo en la boca del estómago, presión en el pecho, calor corporal…

¿Cómo actuarías en este momento? Seguramente intentarías evitar que se diese la situación, bien agarrando a tu hijo y yéndoos a otro lugar o cambiando de actividad. Lo que seguramente podría conllevar un posible conflicto…en el que podríamos no controlarnos y producirse un estallido emocional, al que seguramente acompañaría seguidamente ‘la culpa’.

VAMOS A LLEVARLO A LA PRÁCTICA

Ahora, os invito a reflexionar y para poder poner juntos en práctica lo descrito anteriormente:

Estas sensaciones, son algo observable y son síntomas de ansiedad. Pero, ¿qué hay debajo de todo esto? ¿Podría haber vergüenza? ¿Miedo a sentirme juzgado?

Como veis, el hecho de hacer un trabajo profundo con uno mismo, nos va a ayudar a reconocer estas emociones y reflexionar sobre ellas; buscar la causa siendo conscientes de por qué aparecen y de dónde vienen; en qué otras situaciones parecidas me he podido sentir así; qué fue lo que pasó después; cómo me hizo sentir el desenlace…. Ser consciente de todo esto, podría cambiar mucho mi forma de actuar. Quizá de esta manera sería capaz de alcanzar una mayor regulación emocional, mayor autocontrol sobre mi conducta y el niño estaría aprendiendo de sus padres a regularse del mismo modo.

Con esto no quiero que nuestra amiga ‘la culpa’ llame a la puerta de ningún papá o mamá que pueda estar leyendo esto. Seguramente haya momentos en los que haya un mayor autocontrol, y en otros no tanto. Se trata de llevar a cabo un aprendizaje, aun así, aparecerán situaciones complejas en el día a día o factores que puedan desbordarnos No pasa nada: esto es una práctica.

“¡Padres y madres del mundo, la sociedad, la vida actual, nuestro día a día, nos pone a prueba, y con ello, nuestra paciencia y NO PASA NADA!”

¿DEJAMOS DE ATENDERNOS POR MIEDO A LA CULPA?

Como padres y madres, también sois seres humanos, como si el hecho de haber decidido ser padre o madre, tuviese implícito el renunciar a ser uno mismo. Parece que esto sí hemos podido aceptarlo, Sin embargo, nos negamos a aceptar y tolerar el sentimiento de culpa.

 Este hecho, se pone de manifiesto en numerosas conversaciones cotidianas y frases que todos hemos podido escuchar en alguna ocasión:

“Yo ya no tengo tiempo para mí”; “dónde habrán quedado esos años, en los que podíamos dedicarnos tiempo en pareja…”; “aprovecha ahora a hacer todo lo que quieras… ya una vez con hijos, olvídate…”; “yo no tengo tiempo ni de darme crema, ir a la peluquería…no tengo tiempo para mí”; “con lo que era yo antes…ahora sólo vives por y para ellos”.

¿Y qué pasa con vosotros? ¿Qué pasa con vuestras necesidades? ¿Habéis dejado de existir?

Parece ser que habéis renunciado a vuestro propio ser, de cubrir vuestras propias necesidades, por la culpa. Culpa arraigada aprendida por lo que hemos interiorizado que “debería ser” “lo que está bien y lo que está mal”. Sin embargo, aquí entraría en conflicto este mismo hecho: “lo que debería ser” con “nuestras propias necesidades” y en esta lucha, ¿quién gana?

CULPA CONSCIENTE E INSCONSCIENTE

Os voy a trasladar otro golpe de realidad: la culpa la vais a sentir siempre, elijáis responder a “lo que debería ser” o “elijáis el hecho de satisfacer vuestras propias necesidades”.

Sin embargo, antes de decidiros por una u otra, quiero hacer una distinción entre estos dos tipos de culpa. Hablemos de la culpa consciente y la culpa inconsciente.

La culpa consciente o mala culpa, generalmente todos sabemos cuál es. se trata de esa culpa que aparece tras haber considerado que no nos estaríamos comportando bien. pero a pesar de ello y siendo conscientes de ello, lo hacemos.

Por ejemplo: robar, sabemos que es un acto castigado, y si lo llevásemos a cabo, aunque este acto no tuviese consecuencias, en la mayoría de los casos aparecería algún remordimiento por haberlo llevado a cabo.

Sin embargo, la culpa inconsciente o buena culpa es la que aparece, cuando realmente nos decantamos por hacer aquello que necesitamos en ese momento independientemente de lo que entendamos que estaría bien o mal visto por el resto. Pero estoy siendo consciente de que estoy atendiendo a lo que necesito.

Por ejemplo: Me voy a pasar la tarde leyendo, porque realmente es lo que me gustaría, aunque mi pareja me ha pedido acompañarla a casa de mis suegros, algo que no me apetece nada, aunque a él/ella sí. Finalmente, he decidido quedarme en casa leyendo, estoy a gusto, tranquilo, disfrutando, pero me siento mal, siento culpa.

“Creo que debería haberla acompañado a ver a mis suegros”. “Quizá sería lo correcto”. “Hubiese estado bien que fuera”.

PRIORIDADES

Como veis he querido remarcar la connotación que tiene el hecho de comportarnos en polaridades: si-no, bien-mal, blanco-negro, frío-calor, sumado al hecho de la educación recibida.

Entendido esto, ¿nos sentimos identificados con alguna de ellas? ¿Ver la culpa desde la buena culpa, nos relaja? ¿El hecho de distinguir entre esas dos culpas, nos tranquiliza?

Pues si he conseguido tranquilizaros viendo la culpa desde esta perspectiva, vamos a aprender a relacionar esta buena culpa con el autocuidado, vamos a aprender a vivir, a tolerar esa buena culpa, a mirarla y dejarla estar con nosotros. También tiene derecho a quedarse.

“ESTAR BIEN CON UNO MISMO, NOS APORTA BIENESTAR Y ESTO ES SINÓNIMO DE ESTAR BIEN, EN SINTONÍA CON EL RESTO DE LA FAMILIA” Marta Olmedo Jiménez.

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Por cierto que en nuestra sección de Expertos en Niños encontraréis más artículos de Marta Olmedo. Por ejemplo, uno súper interesante sobre cómo plantear a tus hijos situaciones difíciles.


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