La relación padres-hijos en la adolescencia

Si tenéis hijos entre los doce y los 16 o 17 años, ya sabéis que la relación padres-hijos en la adolescencia no es siempre sencilla.

Los pequeños adorables que nos veían como héroes se hacen mayores a pasos agigantados. Van reclamando su propio espacio y luchan por encontrarse a sí mismos en una etapa muy complicada para ellos y para los que les rodean.

Saber cómo acompañarles y ayudarles en este tránsito no es tarea sencilla. Por eso agradecemos mucho los consejos que nuestra amiga Marta Olmedo, responsable de MO Psicología, nos ofrece en este súper interesante artículo. Echadle un ojo con calma. Seguro que os resulta de gran ayuda.

LA RELACIÓN PADRES-HIJOS EN LA ADOLESCENCIA

En etapas más avanzadas como la adolescencia, el vínculo entre figuras de referencia e hijos cambia. Su base de conservación pasa a estar condicionada por el trato recíproco entre el adulto que antes se encargaba del cuidado del pequeño y éste, que ahora ya posee las bases de apego, a través del primer vínculo de apego con sus progenitores que sirvió de modelo para el desarrollo de nuevas relaciones con los otros a lo largo de la vida.

Pero no sólo con los otros. También con respecto a la familia ambos miembros pasarían a cubrirse mutuamente sus necesidades. Sin embargo, esto no siempre es así. El problema es la base, pero nunca es tarde.

En esta etapa cambia el vínculo que estaba establecido entre padres e hijos.
EQUILIBRIO ENTRE CUIDADO Y OBLIGACIONES

La situación actual en la que vivimos pone muy difícil mantener el equilibrio entre el cuidado y atención que os gustaría transmitir a vuestros hijos y deberes y obligaciones.

El vínculo de apego puede sufrir perturbaciones en cualquier etapa de la vida. Y no sólo por circunstancias de las cuales podamos responsabilizarnos. Inevitablemente, muchas familias sufren crisis vitales que pueden repercutir en la conservación de un vínculo fortalecido entre padres e hijos. Pero esto no significa que no pueda volver a fortalecerse éste.

Ser adolescente supone, generalmente, la falta de compromiso con el trabajo interior y exterior; la eterna flojera de los deberes; la resistencia a pensar o sentir fuera de ciertos temas, que se escapan de sus intereses actuales (chicos/as, amigos/as, juegos…); los olvidos, las impuntualidades, los bostezos (algunos educados y otros no); el constante movimiento de manos, piernas, cuerpo, pero desconectados de su significado; las “enfermedades casuales”; los bloqueos mentales y emocionales; las rebeliones pasivas y activas; los repetitivos “no sé”, «no se me ocurre nada”, ”dime algo tú primero”; y tantos otros que me llevan a la sonrisa y otras veces a la indefensión, todo ello en fracciones de segundos.

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Bostezos, olvidos, flojera, las rebeliones… Todo se conjuga en esta etapa de la vida.
APRENDAMOS A ACOMPAÑAR AL ADOLESCENTE EN SU PROCESO DE INDIVIDUALIZACIÓN

La adolescencia es una etapa de búsqueda de la individualización o separación emocional de los padres, al igual que vosotros lo hicisteis con los vuestros. La familia aquí cobra un papel muy importante en el desarrollo del “yo” de las persona. Es importante permitir la diferenciación.

Es decir, es muy común que en familias que se muestran muy exigentes o perfeccionistas, aunque con la intención contraria en su mayoría, acaben generando dependencia en sus hijos, impidiendo la propia diferenciación de estos. Reduciendo la oportunidad de que adquieran sus propios aprendizajes y fortalezas para enfrentarse al mundo y relacionarse.

 No podemos olvidarnos de que la forma de relación que se adopte en el entorno familiar será la que se extrapole al resto de relaciones que vuestros hijos vayan a tener a lo largo de su vida. Lo que sí es importante es que según el desarrollo de su propio “yo” o diferenciación, será la manera de responder a las demandas del resto.

De ahí que personas poco diferenciadas serán más vulnerables al contexto. Es decir, será más probable que tengan mayor necesidad de aprobación por el resto, sentimientos de responsabilidad por los otros, mayor sentimiento de culpa. O lo que es lo mismo, cuanta menos identidad propia tenga, más inseguros se sentirán y generarán mayor dependencia y necesidad de reconocimiento de los demás.

Por el contrario, aquellos adolescentes que hayan llevado a cabo un buen desarrollo del “yo” serán personas que tengan en cuenta la opinión del resto sin que estas sean imprescindibles para establecer relaciones, siendo más independientes.

¿POR QUÉ NO ME HACE CASO?

Es normal durante esta etapa. Los conflictos, desacuerdos y la negación a cualquier alternativa propuesta por los progenitores, esta forma de relacionarse desde el “no” a todo, forma parte del proceso de individualización que hablábamos antes.

No es fácil. Ya hemos dicho que están en una etapa difícil, en la que existen resistencias a pensar, sentir, por consecuencia, también a mantener la atención sobre temas que no tengan que ver con sus intereses.

adolescencia
La adolescencia no es una etapa sencilla.
¿ES POSIBLE EVITAR EL CONFLICTO?

Esto seguramente sea difícil, porque en una convivencia siempre se tenderá a tener diferentes perspectivas y realidades ante un mismo suceso o situación.

Seguramente, muchos de vosotros os podáis sentir identificados, en algunos ejemplos como los siguientes:

“¿Entonces, ¿qué es lo que podemos hacer?, lo hemos probado todo y no somos capaces de hacernos con él/ella”

“Se me ha escapado de las manos”. “Actúa de forma tirana”. “Busca desafiarme”. “Mi hijo/a me pone a prueba constantemente” Todas estas verbalizaciones son muy comunes en consulta y podrían relacionarse con algunos ejemplos de ‘lucha’ como si el resultado de esto fuese ganar o salirse con la nuestra, Sin embargo, me gustaría lanzar una pregunta para que reflexionásemos juntos:

 ¿Cuál es el precio de salirse con la nuestra? ¿Realmente es necesario transmitir que es el adulto es quien tiene la última palabra? Como si tuvieseis que reafirmar vuestro papel de madres o padres continuamente. Aunque, en realidad, ese papel será vuestro hasta el final de vuestras vidas.

LOS ACUERDOS

No se trata de que la decisión final siempre la tengan ellos o que siempre corresponda al adulto. Sin embargo, existe la posibilidad de llegar a acuerdos. En otras ocasiones será el adulto quien deba imponer un límite firme, y en otras será el niño-adolescente quien imponga el suyo propio. Hablaríamos de nuevo de la flexibilidad, tener en cuenta las distintas situaciones, momentos o edades del menor.

¿Qué estaría pasando con vuestra paciencia? Quizá estemos trasladando desde esa imposición la impaciencia de nuestro niño interno, a vuestro hijo-adolescente, en lugar de demostrar que cada momento tiene su proceso, disfrutar de ese proceso de aprendizaje mutuo desde la humildad. No olvidemos que el adulto es espejo del menor, y quizá estemos trasladando ese modelo de comportamiento desde la soberbia a éste, mostrando de forma posterior vuestra queja al respecto.

¿Podríamos ser capaces de mostrar nuestra vulnerabilidad? Mostrar que el adulto es capaz de aprender a la vez que el adolescente. ¿O quizá esto os haría parecer más manipulables? Quizá de este modo estemos trasladando confianza y el menor pueda mostrarse en situaciones en las que pueda sentirse del mismo modo.

Además, estaremos fortaleciendo el vínculo desde la relación (padre/madre-hijo), a través de la buena comunicación. Es decir, se trata de trasladar aquello que necesitamos o que nos inquieta desde el respeto, sin fomentar ‘el grito’ o la orden. Mostrándonos empáticos con las particularidades del menor, transmitiremos a su vez seguridad y control de la situación. Y esto nos permitirá tomar decisiones más equilibradas en función de cada momento.

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Existe la posibilidad de llegar a acuerdos con el adolescente.
¿CÓMO MEJORAR NUESTRA RELACIÓN?

En primer lugar, es importante hacer una propia revisión sobre lo que se nos está activando en nosotros mismos, siendo conscientes de lo que nos evoca su reacción. Entonces es el momento de darnos espacio antes de reaccionar y cambiar la mirada, desde la tolerancia y la perspectiva de que ese tipo de reacciones son fruto del proceso y no tomárselo como algo personal. Para ello, os animo a traer a la mente las veces que vosotros también pudisteis decirles que “no” o les pudisteis negar ciertas cosas durante el día.

Otra forma de ayudarnos a mantener la calma en este tipo de situaciones es podernos apoyar en la pareja si la hay o en la otra figura de referencia, en el caso de que este o esta sea capaz de mostrarse más calmada en esos momentos. Así, evitaremos recurrir a elevar la voz, gritar o a emplear otros recursos sólo por falta de paciencia. De esta manera no conseguiremos apenas nada, salvo que ellos adopten un modelo poco adaptativo, el cual, será probable que si lo han adquirido, lo utilicen a la hora de relacionarse con vosotros y con el resto de relaciones.

Utilizar un tono de voz suave o el contacto físico para captar la atención, a través de un gesto cálido como por ejemplo el apoyar una mano sobre el hombro, puede ser una de las formas que os ayuden a captar su atención de una forma más amable con vosotros mismos y con ellos. Aprender a escucharnos, a través de la comunicación, es importante permitir que el menor se exprese, validar su punto de vista a través de la buena comunicación, la escucha y el respeto.

SENTIRSE ESCUCHADOS

Con esto no quiero decir que el menor siempre haga lo que quiera y que el adulto haga caso omiso hacia aquella circunstancia que pueda ser perjudicial para el niño-adolescente. En ese caso, estaríamos dejando entrever la posibilidad de cometer negligencia.

Si no, poder permitir que se expresen, y que puedan sentirse escuchados, de esta manera, estaremos logrando que ellos mismos adquieran un aprendizaje en el futuro, tratando de arreglar situaciones a través del dialogo, la empatía y la escucha activa y por otro lado, estaremos contribuyendo a que generen una mayor seguridad en sí mismos y a su vez una mayor autoestima.

EJEMPLOS

Algunos ejemplos:

A la hora de poner un menú semanal, está claro que es importante escuchar la opinión del menor. Pero quizá si por él fuera, seguramente se trataría de un menú poco nutricional que quizá si tenga más que ver con sus propios gustos o intereses. En este caso, quizá podemos escuchar su propuesta, aunque sea el adulto quien seguramente deba tomar la decisión de añadir pescado o verdura en este menú.

Con respecto a decisiones importantes como un cambio de colegio, es importante tener en cuenta su opinión porque es un tema que tendrá una importante repercusión en ellos. Aunque seguramente la decisión final sobre el tipo de educación o escuela recaiga en el adulto.

Este hecho de llegar a acuerdos o negociar no debe confundirse con un abuso de relación. Es decir, es importante que la relación entre padres-hijos sea una relación estrecha, en la que exista confianza, respeto y seguridad, pero esto no es sinónimo de amistad.

ACEPTACIÓN Y COMPRENSIÓN

Lo importante de una buena relación padres-hijos en la adolescencia tiene que ver con la aceptación y la comprensión entre ambas partes. Si no, estaríamos dando lugar a la posibilidad de que haya faltas de entendimiento y junto a ello, el conflicto.

Esto no significa que en general, no existan este tipo de situaciones de desacuerdo, ya que el adulto siempre tratará de imponer su criterio como forma de proteger al niño-adolescente, por su mayor madurez y con esto la creencia de conocer lo que mejor les conviene por sus evidentes experiencias del pasado.

Y esto no suele corresponderse con lo que el menor quiere, sobre todo de cara a la pre-adolescencia o con adolescentes, entre los 10-19 años, quienes a su vez tratan de reivindicar una personalidad que está en el punto crítico de desarrollo de su identidad, es decir, es el proceso en el que tratan de integrar su pasado de experiencias infantiles para convertirse en adultos. No se trata de dar visibilidad a lo perfecto, a lo que “debería” ser lo correcto, sino a tener claro el objetivo de lo que queremos conseguir y que esto pueda ser entendido por el menor.

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Por cierto que Marta Olmedo ya nos ha hablado antes de la adolescencia y todo lo que conlleva. Podéis encontrar más artículos suyos en nuestra sección de Expertos en Niños.

MO psicología infantil

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