Ganadores del II Certamen de Escritura Rápida

¡Ya tenemos ganadores del II Certamen de Escritura Rápida! Y no ha sido fácil elegirlos. Hemos recibido 50 preciosas historias que nos han encantado y por las que os damos un millón de gracias. ¡Gracias de corazón!

Finalmente, de entre todas ellas han resultado ganadoras las presentadas por:

Paula Melado, de ocho años, en la categoría de los más peques.

Mario Moral, de diez años, en la categoría de nueve a 14 años.

Y Mercedes Fernández, de 43 años, en la categoría de adultos.

Queremos compartir con vosotros en primer lugar sus preciosas historias. Esperamos que os gusten tanto como a los miembros del jurado, a los que queremos dar también las gracias por su tiempo e implicación.

CATEGORÍA INFANTIL: PAULA MELADO

Desde lo alto de la muralla veo algo que nunca hubiera pensado que iba a ver. En el Mercado Grande hay niños, abuelos, padres, jóvenes hablando, jugando, bebiendo, comiendo, riendo. Veo sus caras felices, sus dientes blancos, sus labios carnosos. Tengo pocos años y en mis recuerdos no veo la cara de la gente, solo sus ojos. Me sorprendo al conocerlos, antes no los veía. Sus caras dicen mil cosas, sobre todo ilusión y esperanza. Con mis pocos años he dado y me han dado pocos abrazos y besos. Pero a hora, desde lo alto de la muralla, me quito la mascarilla y doy, besos, abrazos y sobre todo RESPIRO Y RESPIRO.

CATEGORÍA INFANTIL DE 9 A 14: MARIO MORAL

Desde lo alto de la muralla de libros veo un cálido atardecer, de pronto se abren y montones de letras empiezan a salir. Parecen dulces mariposas en una tarde de primavera, pero en realidad son dragones defendiendo mi lado de la habitación. Detrás del muro busco el primer libro para empezar el ataque. Creo que tengo los mejores. Escojo la frase definitiva para derrotar a mi hermana: Me llamo Stilton, Gerónimo Stilton”. Ella contrataca: “La alegría es contagiosa. Brilla como el sol, parpadea como las estrellas”. Es un gran ataque, el Monstruo de colores nunca falla. Me toca, elijo un comic: Obelix, ¡No! ¡No te daré poción mágica! La batalla esta igualada. “Din-dan Din-don, pues la princesa rapto un dragón” Lo sabía, le encanta el Abezoo. Ataque tras ataque he llegado a la conclusión de que ninguno de los dos va a ganar, esto es una cuestión de gustos.

CATEGORÍA ADULTOS: MERCEDES FERNÁNDEZ

La memoria de las piedras

Desde lo alto de la Muralla, Ramona suspira. Todos los años, al comenzar la primavera, sube a dar una vuelta. Se siente tranquila, libre mirando al horizonte. Este año le ha costado subir un poco más a su torreón favorito, se notan los ochenta y tres años en las piernas, en los brazos, en la respiración…

Por esta vieja muralla ha paseado con sus padres, sus hijos, sus nietos. A todos les ha relatado varias leyendas abulenses que se sabe de memoria, porque Ramona es una gran intérprete y «cuentista» como dice su nieto mayor, Santi. 

«Conocí al amor de mi vida bajo este torreón», recuerda. Apoyó su cabeza sobre el granito que ya la conocía e incluso llamaba por su nombre: «Ramona descansa», le dijo. 

GANADORES DE TRES LIBROS

Paula, Mario y Mercedes son los ganadores de los tres Libros que Librería Letras ha puesto a nuestra disposición para este certamen.

certamen escritura rápida premios
Estos son los libros que recibirán los ganadores.

MENCIONES ESPECIALES CATEGORÍA INFANTIL

ALBA SÁNCHEZ. OCHO AÑOS

Desde lo alto de la Muralla pude contemplar algo divertido. Los Duques del Vello Fino, conocidos por su hermoso pelo, se dirigían al Grande en un carruaje tirado por hermosos caballos blancos de rubias crines. El carruaje paró, se abrió la puerta y apareció el Duque con su elegante traje del que colgaban tantas medallas que le tapaban el pecho. Tras él apareció su hermosa esposa, con un bonito vestido rojo. En ese momento, una ráfaga de viento lanzó la hermosa melena del Duque por los aires. Todos vieron que, en realidad, era una peluca. El Duque no sabía qué decir, estaba muy avergonzado. Era una vergüenza para su familia. Pero la peluca fue a caer en la cabeza del Conde de Pelón, conocido por su brillante calva, y eso hizo olvidar al Duque del Vello Fino, porque la imagen del Conde de Pelón con pelo era mucho más impactante.

PAULA COMBRADO. OCHO AÑOS

‘Un día en la ciudad de Avila’

Desde lo alto de la muralla, en un bonito día de sol, yo miraba con mis prismáticos la vida de los abulenses.

Algunos paseaban tranquilamente por El Rastro, otros tan solo se tumbaban en la hierba a tomar el sol, y otros tomaban algo sentados en una terraza.

De repente vi algo que me llamó la atención. Era mi abuela! Iba en dirección de lo alto de la muralla, allí donde yo estaba. Corrí rápidamente a abrazarla y la invité a estar conmigo en mi lugar preferido, en lo alto de la muralla, observando la fantástica vida de los abulenses. Paseamos juntas de la mano, a la vez que ella me contaba historias de nuestras murallas, cosas que ocurrieron hace muchisimos años. 

Y así, fue mi día, disfrutando y observando mi ciudad, con la mejor abuela del mundo.

MENCIONES ESPECIALES DE NUEVE A 14 AÑOS

ANA SÁNCHEZ. 13 AÑOS

Desde lo alto de la muralla un chico vestido con harapos, la cara cubierta de mugre, la respiración acelerada y grandes ojos dorados, miraba hacia abajo buscando una escapatoria. Se limpió con el dorso de la mano el sudor que perlaba su frente, mientras apretaba con fuerza contra su pecho su tesoro más preciado, una obra encuadernada a mano con tapas de madera forradas de piel de cabra.

En el silencio de la noche se escuchaban nítidamente pasos acercándose, la Inquisición iba tras él. Porque un mestizo, hijo no deseado de un bellator y una bonita mujer judía, conteniendo un libro no era algo que contentase a la Iglesia, sobre todo si ese libro era el Códice de Metz. Rápidamente, lo escondió entre unas rocas, donde instantes más tarde sangre fue derramada y cientos de palabras rebosantes de sabiduría, escritas en un latín antiguo, fueron ocultadas hasta siglos más tarde.

DANIEL RUIZ. ONCE AÑOS

Desde lo alto de la Muralla me siento como un rey. Diviso una ciudad tranquila, silenciosa, de acogedoras calles que invitan a pasear para ver sus monumentos importantes. Distingo desde lo alto la plaza del Mercado Grande, en la que hay casetas para conmemorar el día del libro que estamos celebrando hoy.

Por otra parte veo un hermoso valle, que refleja bonitos colores primaverales junto a cascadas y arroyos que dan bonitos toques azules al paisaje. Puedo ver pequeños pueblecillos que rodean esta ciudad. Todo ello abrazado por las preciosas montañas de la Sierra de Gredos en las que aún quedan pequeños recuerdos del invierno.

Esta es mi ciudad: Ávila y su muralla.

MENCIONES ESPECIALES ADULTOS

CARLOS BLÁZQUEZ, 20 AÑOS

Desde lo alto de la Muralla no podía ver nada.

Solo humo.

Ávila estaba en llamas. Desde ahí oía las espadas chocando, las flechas volando, y las personas muriendo.

Él estaba tendido en el suelo, con una única flecha en su carcaj y con la pierna herida de gravedad. A unos metros estaba Omid con la mirada vacía. A su lado estaba el soldado que había intentado matarle sin éxito, gracias al sacrificio de su amigo.

Para el general enemigo esto no era más que un territorio más, otra batalla ganada bajo su mando. Otra victoria fácil.

Sin embargo, para él, era su ciudad, sus amigos…

Su hija.

Se levantó del suelo y fue cojeando hasta Omid. Cogió el arco de su amigo y miró hacia dónde intuía que estaría el general. Tensó la cuerda.

Desde lo alto de la Muralla ahora podía ver una cosa.

ALFREDO SÁNCHEZ. 44 AÑOS

Desde lo alto de la Muralla observó la línea blanca de casetas que descansaba frente a la iglesia de San Pedro. Sintió esa punzada que trae la nostalgia recordando cómo, justo hacía un año, había visitado esas mismas casetas, llenas de libros que veía borrosos por las gafas empañadas por la mascarilla… Qué días más extraños. Qué molesta la mascarilla, la distancia social, el no poder entrar en los bares, en los museos, en la vida… Parecía que no terminaría nunca.

Qué curioso sentir ahora nostalgia de esos días, de esas restricciones, de esa falta de normalidad. ¿Quién le iba a decir que lo echaría de menos? Ahora todo era distinto. Ya no había restricciones, ni mascarillas, ni distancia social. Las casetas seguían abiertas, con sus libros. Él seguía en Ávila, ya no volvería a su Burgos. Al menos estaba seguro. Los zombis no sabían subir a la Muralla.

I CERTAMEN DE ESCRITURA RÁPIDA

Por cierto que queremos aprovechar para recordaros los que fueron ganadores de nuestro primer certamen, en 2020. Esperamos poder seguir repitiendo experiencia en los años venideros.

club de lectura ávila con niños
cc el bulevar

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos y para fines de afiliación y para mostrarte publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos.Más información
Privacidad